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Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen. Alfonso X

 

Saludos gallardos

 

Gallardo, gallardía, gallardete y Gallardón son, todos ellos, términos de distinto significado que tienen algo en común: lo anacrónico de su uso. En estos momentos solicitar gallardía a una persona es como solicitar urbanidad. Bien mirado es aún más antiguo; o así lo entiende, al menos, don Fernando Savater, en las páginas de El País. Dice el barbado filósofo que “los miramientos en el trato y la cortesía no son remilgos superfluos sino una exigencia de la convivencia civilizada”. Pero ¿qué entendemos por urbanidad o cortesía?. Desde luego no ir a una casa ajena y dar una coz a la puerta para entrar en ella. Lo cortés, lo urbano, lo educado, es llamar a la puerta, identificarse, descubrirse si se porta boina y solicitar permiso para acceder a la casa. Si el visitante no lo hace, lo lógico es que no se le permita el acceso. Si el dueño de la casa cree que el visitante no se ha identificado convenientemente o advierte que el visitante quiere acceder oculto, disfrazado o embozado para no ser descubierta su personalidad está en su derecho de negarle el acceso a su casa. Esto es así aquí y en Ostende.
Quienes somos aficionados a la pesca deportiva en alta mar sabemos que existen distintos tipos de pescados: los más voraces, que suelen atacar el cebo de forma irracional y los de mayor sutileza y perspicacia. Los pescados de gran voracidad (pargos, lubinas, besugos…) no precisan, necesariamente de cebo. Atacan ciegamente el anzuelo en cuanto notan su presencia. Los pequeños peces de roca (el txistu, la cabra, la doncella…) toquetean con su boca el cebo hasta estar seguros de que éste es un delicioso trozo de txipirón o pota. En el post de ayer, Los narcisos se marchitan, no solo se trataba de hacer un canto al mito, sino ver hasta donde llegan los voraces pescados cuando se lanza el aparejo. La voracidad del pescado era grande y para comprobarlo el cebo debería ser, en principio, tosco. No fueron precisos más lances. Afortunadamente el anzuelo, en la pesca deportiva, no tiene “muerte” con lo que, el pescado puede volver al agua sin más daño aparente. El resultado es que el pescado ha visto satisfecha su naturaleza y el pescador ha probado que el engaño funciona. Así de simple y así de sencillo.
Me acusa el voraz pececito de leísta. Mea culpa. Efectivamente tengo esa tendencia tanto al hablar como al escribir. Ya lo explica la RAE: el leísmo generalizado en todo el mundo hispánico es el llamado «leísmo de cortesía». Se trata del uso de le(s) en función de complemento directo cuando el referente es un interlocutor al que se trata de usted. En algunas zonas de España y América se producen casos de leísmo debidos al contacto del español con otras lenguas que se caracterizan por no contar con distinción de género y por marcar el número y el caso de forma muy diferente al español. Estas lenguas son el quechua, el aimara, el guaraní y el vasco. Como castellano de nacimiento y vasco consorte he asumido el leísmo -y no solo en el de cortesía- como un “hecho diferencial”. También yo tengo derecho al mío ¿o no?.
También me acusa, y esta vez no es mía la culpa, de la oposición de transparente por tangible. Si lee al burukide verá que la transparencia no es mía sino suya -“los que optaron por declararnos transparentes”-. También me acusa de la ausencia de la tilde “ortográfica” en el término “solo”. Nuevamente apelo a mi “hecho diferencial”. Usted escribe fláccido con doble “c”, “crticada” y me la “traen” al pairo, mezclando las churras del plural con las merinas del singular. Curioso idioma el flamenco. Ahora… que no seré yo quien critique su “hecho diferencial”.
Finalmente me acusa de utilizar argumentos “moralmente soeces”. No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos, dijo Nietzsche. Veamos los suyos: el mencionado “me la traen al pairo”; maricón el último; coño; tu puto texto; ni puta idea; me sale de los cojones. ¡Vaya!. No está mal para un belga ¿eh?.
Lo familiar y jocoso por parte de quienes encarnan el poder legal democráticamente concedido puede ser a veces un atropello, dice don Fernando Savater, en El País. Yo no creo que el burukide atropelle a nadie por utilizar de forma familiar o jocosa sus textos. Es más, creo que si lo hiciera ganaría en frescura y le facilitaría su trabajo consiguiendo, con ello, el derecho que reclama a ser menos transparente para los medios de comunicación. La urbanidad, termina Savater, no es hacer zalemas, sino comportarse de acuerdo a la conveniencia de dónde en cada caso se está; y si lo que se pretende es entrar en casa ajena ya dije antes la fórmula para la mía: llamar a la puerta, identificarse, descubrirse si se porta boina y solicitar permiso para acceder a la casa. Mientras tanto, tú -con tilde- en tu casa y yo en la mía. Saludos gallardos.

 

7 Responses to “Saludos gallardos”

  1. José Francisco
     

    Creo que para Esperanza Aguirre son Saludos Bastardos.

  2.  

    Efectivamente D. Angel, creo que cuando se va a casa ajena, se debe aceptar las reglas y si no se aceptan pues entonces mejor no ir.
    Yo puedo poner un ejemplo muy clarito: como los blogs de la Sra Diez y el Sr Martinez en la “galera magenta” no me gustan y ademas no me pondrian los comentarios pues sencillamente ni voy por alli y ademas estoy muy contento de no hacerlo.
    Por otra parte en este su blog la mayoria de los que escribimos lo hacemos con nuestro nombre y todo el mundo sabemos quienes somos y quien el que lo escribe.
    aunque de vez en cuando lo hace alguno con el nick, que tampoco tiene que ser malo de por si.
    Pero claro pretender llegar sin llamar, sin dar ni el nombre y poniendo a parir al anfitrion, pues no creo que ni en este sitio ni en la China iba a ser aceptado.
    Saludos

  3.  

    Pues yo siempre preferiré “saludos cracuosos”. Aquí y en Cracovia si fuera necesario.

  4.  

    Anote, don Matías, anote: mis defensores habitan incluso en Ostende. Pero no sólo allí; incluso en la vecina Alemania hay una talquistina, perdón, una tal Cristina, que gallardamente se parte la cara por este diputadito. ¿Será eso lo que joda de toda jodienda a tantos y tantas?

    A cobrar, que pa´eso tamos.

  5.  

    Jo yo que me había hasta ilusionado porque el mismísimo Savater era el que te había enmendado la plana en El País. Me estaba diciendo: pues menos mal que la piragua venida a galera ha servido para algo. Pero he caido del guindo ya, y me he dado cuenta que era el belga de la bella easo el que te había acusado de le(nin)ismo???????????.

  6.  

    De todas formas para dar clases de lo que significa la urbanidad no tiene el señor Savater más que darse un paseo por el blog del sr. Martínez. Ahí tiene las claves de lo que significa ser un “urbanitas” con label.

  7.  

    Pues qué quieres que te diga, Ángel, algunos ladran por cuenta ajena, que ya es ladrar. Lo malo son los que prefieren que el trabajo sucio se lo hagan otros para luego aparentar que están por encima del bien y del mal, poner una sonrisa y acabar engañando al personal, como diría Umbral.
    En la galera esa que tantas veces cita José María creo que hay una selecta colección de personajes de tal naturaleza, empezando por la diputada que lleva nombre de partido y, descendiendo en el escalafón, hasta algunos coordinadores de pueblo.

 



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